Mi experiencia en “Casa Emilia”, la casa enfermería – 3ra Parte y última (por ahora)
❝Mi experiencia en “Casa Emilia”, la casa enfermería – 3ra Parte❞
desde el escritorio de Sofía ‘Chofi’ Gorozpe en Ciudad de México, México.
Escrito el Miércoles, 5 de Setiembre de 2018
He comenzado ayer con las radioterapias. Antes de contar sobre esto, quiero escribir sobre dos cosas que me hicieron mucho bien.
El Lunes 29 de Agosto tuve una cita en oncología y me dijeron que podía seguir haciéndome los controles en Perú, después de terminar el tratamiento aquí en México; eso me dio mucha alegría, pues el deseo de regresar a mi vida normal en la Ensenada es muy grande.
Sin embargo, esto primero no es lo que me llegó al fondo sino la visita esa misma tarde de Pedro que vino a México y estuvo acá esa tarde. Comenzamos una plática que no esperaba, realmente tanto él como yo nos comunicamos a un nivel más profundo. Y desde entonces he tomado la decisión de estar más con las hermanas de la casa donde vivo, de verlas, de pasar tiempo con ellas. Bien, voy a escribir la parte que incursioné con él sobre lo que vivo y lo que me fue llegando, lo de él es precioso, pero no es algo que pueda relatar aquí.
Antes que nada, el hecho de verlo me llenó de alegría, nos vinimos aquí a mi cuarto y comenzamos a platicar sencillamente. A través de la conversación hubo algunas frasecitas que soltó Pedro y que, aunque de alguna forma ya me habían aparecido, las borraba de mi mente. Con él, ya no me pude hacer guaje, sino que las tomé: “¿por qué si estabas tan feliz en la Ensenada, aquí no te sientes así?” y una cosa de la que me he ido convenciendo es que la felicidad no depende de las circunstancias, sino que es algo que viene del interior. Una cosa es saberlo y otra vivirlo. Me di cuenta de que por añorar volver no acababa de estar muy presente en este lugar. Como me dijo Pedro: “Aquí también puede ser la Ensenada” Y así es, en cualquier lugar hay alguien a quien amar. Y me ayudó a ver, o más bien a mirar, a cada una de las hermanas de esta comunidad, con unas convivo más, con las enfermas menos, pero a todas las veo a diario y esto me llevó a interesarme más por cada una, a “salir de mi propio amor, querer e interés” para ir a su encuentro. Es algo especial sentir que un pequeño esfuerzo, dejar mi comodidad para ir al otro, a la otra, pueda traer después tanto sentido. Es algo que sé y he vivido, pero este último tiempo, con el pretexto de descansar, estar enferma, reponerme, etc.; estaba bastante encerrada en mí. A partir de allí, he buscado más a las hermanas, converso con ellas; a las que quieren les ayudo con lo aprendido en ITEA y esto me ha traído mucho contento, ahora estoy en un buen momento.
Hoy, ya estoy en la segunda semana de radioterapias. Es una cada día, descansando sábado y domingo. No he sentido todavía ningún malestar y cada día veo que se está pasando rápido y regreso de allá contenta. Me ha costado sobre todo dejar el café; ahora tomo uno para no quedarme con esa sensación tan desagradable de andar como adormilada.
Otra cosa que me está dando mucha vida es acompañar a Lupita por Skype en los ejercicios en la vida. Ella recibe los puntos en San Luis y me los envía, luego la veo los sábados a las 10 y es algo precioso ver el paso de Dios en la persona. Me lleva a mí a estar más consciente de la presencia y la actividad de Dios en mi interior.
Cuanto voy aprendiendo también a través de lo que aquí vivo, de ver las personas de cancerología, algunas bastante enfermas y la mayoría asumiendo esta enfermedad con tranquilidad. A veces conversamos, a veces me llevo un libro y leo, otras veces platico también con la persona que me acompaña, alguna hermana de la congregación, o una enfermera, o alguno de mis sobrinos. Me doy cuenta que una de las cosas que hace bien es la buena conversación, el estar totalmente con la otra persona, en resumen y en concreto, el saber estar presente.
Ayer domingo, me sentía con energía, fui con Vicky a comprar pan dulce para las enfermas, y tardamos una hora caminando, hacía mucho que no salía a caminar y regresé cansada pero contenta. Pasamos en la tarde una película a las enfermas en el cuarto piso y les dimos una pequeña colación y en la noche las “conchas de pan” para la cena. Estaban muy contentas, y también nosotras (las del piso de arriba) al ver a las hermanas gozar de la película. Entonces llegó Susi la provincial, y dijo que esto lo podemos hacer cada domingo. Yo recordé que al mismo tiempo en la Ensenada era un Domingo Solidario y vi cómo es cierto, en todo lugar se puede vivir la solidaridad. Algo tan simple y cotidiano que trae un poco de alegría a los demás. Sí, realmente veo que mi lugar no es aquí o allá, sino mi lugar es y será siempre Jesús. Desde Él y con su gracia puedo vivir un poquito el Reino cada día.
No he escrito que tengo tres sobrinos que se han unido primero para que entrara yo al INCAN (cancerología) y luego para turnarse y llevarme a las citas y en lo que puedan acompañarme. Realmente ha sido un gran apoyo el que he sentido de parte de mi familia y me siento agradecida con ellos. Cuando voy con cada uno, siento su cercanía y apoyo, generalmente hablamos y nos vamos conociendo más. Ahora que me toca ir en las tardes, me acompañan o una enfermera o una cuidadora de Casa Emilia, y también es una oportunidad para vincularme. Me decía Tere mi sobrina, que ella entendía la parábola del sembrador como si Jesús lanzara cantidad de semillas y caían en nosotros como oportunidades para amar… me pareció muy sugerente. Él sigue sembrando en nosotros cada día semillas para amar. Esto lo he podido ver en ellos, mis sobrinos y también en las hermanas que están a cargo de las enfermas. Lo veo en tanta gente solidaria que va por la vida amando y en los gestos más sencillos dando calor a nuestro mundo herido.
Como escribía, la Ensenada ha supuesto mucho, y por eso entiendo cómo puedo encontrarla en todos lados. Allí surgió un Proyecto que se llama Casa Betania y que está siendo importante.
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Antes que nada, el hecho de verlo me llenó de alegría, nos vinimos aquí a mi cuarto y comenzamos a platicar sencillamente. A través de la conversación hubo algunas frasecitas que soltó Pedro y que, aunque de alguna forma ya me habían aparecido, las borraba de mi mente. Con él, ya no me pude hacer guaje, sino que las tomé: “¿por qué si estabas tan feliz en la Ensenada, aquí no te sientes así?” y una cosa de la que me he ido convenciendo es que la felicidad no depende de las circunstancias, sino que es algo que viene del interior. Una cosa es saberlo y otra vivirlo. Me di cuenta de que por añorar volver no acababa de estar muy presente en este lugar. Como me dijo Pedro: “Aquí también puede ser la Ensenada” Y así es, en cualquier lugar hay alguien a quien amar. Y me ayudó a ver, o más bien a mirar, a cada una de las hermanas de esta comunidad, con unas convivo más, con las enfermas menos, pero a todas las veo a diario y esto me llevó a interesarme más por cada una, a “salir de mi propio amor, querer e interés” para ir a su encuentro. Es algo especial sentir que un pequeño esfuerzo, dejar mi comodidad para ir al otro, a la otra, pueda traer después tanto sentido. Es algo que sé y he vivido, pero este último tiempo, con el pretexto de descansar, estar enferma, reponerme, etc.; estaba bastante encerrada en mí. A partir de allí, he buscado más a las hermanas, converso con ellas; a las que quieren les ayudo con lo aprendido en ITEA y esto me ha traído mucho contento, ahora estoy en un buen momento.
Escrito el Lunes, 10 de Setiembre de 2018
Hoy, ya estoy en la segunda semana de radioterapias. Es una cada día, descansando sábado y domingo. No he sentido todavía ningún malestar y cada día veo que se está pasando rápido y regreso de allá contenta. Me ha costado sobre todo dejar el café; ahora tomo uno para no quedarme con esa sensación tan desagradable de andar como adormilada.
Otra cosa que me está dando mucha vida es acompañar a Lupita por Skype en los ejercicios en la vida. Ella recibe los puntos en San Luis y me los envía, luego la veo los sábados a las 10 y es algo precioso ver el paso de Dios en la persona. Me lleva a mí a estar más consciente de la presencia y la actividad de Dios en mi interior.
Cuanto voy aprendiendo también a través de lo que aquí vivo, de ver las personas de cancerología, algunas bastante enfermas y la mayoría asumiendo esta enfermedad con tranquilidad. A veces conversamos, a veces me llevo un libro y leo, otras veces platico también con la persona que me acompaña, alguna hermana de la congregación, o una enfermera, o alguno de mis sobrinos. Me doy cuenta que una de las cosas que hace bien es la buena conversación, el estar totalmente con la otra persona, en resumen y en concreto, el saber estar presente.
Ayer domingo, me sentía con energía, fui con Vicky a comprar pan dulce para las enfermas, y tardamos una hora caminando, hacía mucho que no salía a caminar y regresé cansada pero contenta. Pasamos en la tarde una película a las enfermas en el cuarto piso y les dimos una pequeña colación y en la noche las “conchas de pan” para la cena. Estaban muy contentas, y también nosotras (las del piso de arriba) al ver a las hermanas gozar de la película. Entonces llegó Susi la provincial, y dijo que esto lo podemos hacer cada domingo. Yo recordé que al mismo tiempo en la Ensenada era un Domingo Solidario y vi cómo es cierto, en todo lugar se puede vivir la solidaridad. Algo tan simple y cotidiano que trae un poco de alegría a los demás. Sí, realmente veo que mi lugar no es aquí o allá, sino mi lugar es y será siempre Jesús. Desde Él y con su gracia puedo vivir un poquito el Reino cada día.
No he escrito que tengo tres sobrinos que se han unido primero para que entrara yo al INCAN (cancerología) y luego para turnarse y llevarme a las citas y en lo que puedan acompañarme. Realmente ha sido un gran apoyo el que he sentido de parte de mi familia y me siento agradecida con ellos. Cuando voy con cada uno, siento su cercanía y apoyo, generalmente hablamos y nos vamos conociendo más. Ahora que me toca ir en las tardes, me acompañan o una enfermera o una cuidadora de Casa Emilia, y también es una oportunidad para vincularme. Me decía Tere mi sobrina, que ella entendía la parábola del sembrador como si Jesús lanzara cantidad de semillas y caían en nosotros como oportunidades para amar… me pareció muy sugerente. Él sigue sembrando en nosotros cada día semillas para amar. Esto lo he podido ver en ellos, mis sobrinos y también en las hermanas que están a cargo de las enfermas. Lo veo en tanta gente solidaria que va por la vida amando y en los gestos más sencillos dando calor a nuestro mundo herido.Como escribía, la Ensenada ha supuesto mucho, y por eso entiendo cómo puedo encontrarla en todos lados. Allí surgió un Proyecto que se llama Casa Betania y que está siendo importante.
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